ÁREA DE ESTUDIO

La Península de Yucatán (PY) incluye los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo que hacen parte de la Provincia Biótica Península de Yucatán. Este territorio posee una gran plataforma caliza de origen marino y una geología cárstica con un sistema subterráneo con cenotes y grutas (Lugo-Hubp et al., 1992). El clima peninsular tiene temperaturas medias anuales entre 25 y 28 °C, elevaciones por debajo de 390 msnm y un gradiente promedio de lluvias anuales de 572 a 767 mm en el noroeste y de 1,221 a 1,261 mm anuales hacia el sureste; condiciones que reflejan una gran variedad de ecosistemas, tales como, manglar, vegetación costera, selva baja inundable, petenes, selva baja caducifolia, selva mediana subcaducifolia y subperennifolia (Carnevali et al., 2003; Pérez-Sarabia, et al. 2017).

Estos ecosistemas proveen múltiples servicios como la polinización, un proceso a partir del cual se obtuvieron 11,162 Ton de miel y 304 Ton de cera en su mayoría de manos de campesinos indígenas de la Península de Yucatán (SAGARPA, 2017), la regulación climática relevante en el contexto del cambio de uso de suelo por urbanización, crecimiento poblacional humano y cambio climático (Smith y Romero, 2016), servicios de provisión y recreación, entre otros.

La riqueza biológica de la Península coexiste con su riqueza cultural. Es una de las regiones con los porcentajes más altos de hablantes de lengua indígena del país, Yucatán  con el 28,9%, seguido de Quintana Roo 16,6% y Campeche 11,5% (INEGI, 2015 ).

La población maya de la PY ha prosperado en este paisaje heterogéneo gracias al profundo conocimiento de los recursos naturales que interaccionan con la cosmovisión, que ha resultado en la domesticación de plantas y selección de variedades locales de maíz, un cultivo de subsistencia que ha trascendido, no solo por su valor biocultural, sino por su papel en la seguridad alimentaria y conservación in situ de la biodiversidad (Dzib-Aguilar, et al. 2017).

La Península de Yucatán presenta una economía dinámica con un sector primario que destaca a nivel nacional por tener los primeros lugares en producción de calabaza, caña de azúcar, mamey y miel (INEGI, 2016; 2017a; 2017b). No obstante, el sector secundario y terciario engloban las actividades económicas con mayor impacto y participación al Producto Interno Bruto nacional. Hasta el 2014, la aportación al PIB nacional por entidad fue del 4.6% para Campeche con la industria como actividad principal, seguida del 1.6% para Quintana Roo y 1.52% para Yucatán, ambas entidades con el comercio y servicios como actividades económicas principales (INEGI, 2016; 2017a; 2017b).

Estas actividades generan por un lado una fuerte estructura territorial al concentrar la mayor parte de los empleos en un solo municipio, dejando a las regiones más alejadas de las ciudades en desventaja, lo que resulta en una divergencia intra-regional, específicamente hacia las zonas rurales que continúan ajenas a procesos que les permitan detonar condiciones de mayor equidad y oportunidades de desarrollo.

Desde la perspectiva socio-ecológica proponemos contener la divergencia intra-regional, considerando aquellos territorios prioritarios por su relevancia en la seguridad alimentaria (sector primario -zona milpera) y servicios ecosistémicos (zonas remanentes de vegetación natural menor que el 25% del territorio). En la medida en que dichas divergencias se diluyan, el territorio estará preparado para mantener sistemas socio-ecológicos más resilientes, capaces de enfrentar los cambios globales.   

Referencias