Vulnerabilidad de las unidades de producción de café al cambio climático

 

Resumen

México es considerado un país altamente sensible al impacto del cambio climático a nivel social, económico e institucional. El cambio climático está planteando grandes desafíos a la agricultura  en todo el mundo, dependiendo de la región se espera una pérdida parcial o total de la producción agrícola debido a inundaciones, sequías o huracanes. Especialmente la variación abrupta en la disponibilidad de agua actuará cada vez más como un obstáculo para la producción agrícola, que en el caso del café, afectará las fases fenológicas y disminuirá los rendimientos y la calidad del grano. Teniendo en mente que México es uno de los principales productores de café a nivel mundial, y que está inmerso en los escenarios críticos de cambio climático de zonas tropicales; estudiar la vulnerabilidad asociada a las unidades de producción del café se hace relevante y oportuno; especialmente en la región sur sureste en donde predominan altos niveles de pobreza y marginación y una larga tradición agrícola que basa en el cultivo de café los principales medios de vida. Por ello, se elaboró un índice de vulnerabilidad climática que contempló la dinámica de los estadios fenológicos del café y su relación con los escenarios de cambio climático (exposición), así como la tipificación de los productores en función del destino de la producción, origen de los ingresos y nivel de marginación (sensibilidad). Dicho índice mostró que los cafetales de la región montaña del estado de Guerreo, el café en las área colindantes de la zona costa con la región sierra sur, la región Papaloapan y la sierra norte de Oaxaca; la mayoría de las regiones con presencia de cultivos de café en Chiapas (especialmente en la región soconusco, montañas del norte, los altos, y selva zoque), las regiones Huasteca baja, Nautla y Los tuxtlas de Veracruz, y finalmente el café de la sierra norte y la sierra nororiente de puebla, son en conjunto los cultivos que tienen mayor vulnerabilidad  al cambio climático. El futuro del café parece crítico para una amplia parte del sur sureste, por lo que se deben intensificar estudios y ampliar el conocimiento de la problemática; que ayuden a entender a los productores las particularidades de vulnerabilidad de sus sistemas productivos, y a orientar asertivamente instrumentos de políticas públicas para el sector agrícola del país.

 

Café en México

La cafeticultura es una actividad de gran relevancia para la población indígena y campesina que habita en las áreas montañosas del centro y sureste de México debido a que la producción y venta de este grano ha permitido obtener históricamente ingresos económicos para la subsistencia de este segmento de la sociedad. Para México, el café representa una actividad estratégica: involucra exportaciones por 897 millones de dólares/año, vincula directa e indirectamente a cerca de 3 millones de personas y genera un valor en el mercado de alrededor de 20 mil millones de pesos por año (SENADO DE LA REPÚBLICA, 2015). Con base en el registro del Padrón Nacional Cafetalero (PNC), el cultivo de café en México se desarrolla en 12 estados, 404 municipios, 4,572 localidades, y cuenta con 510,544 productores directos en 675,258 hectáreas (AMECAFÉ-SIAP).

La producción de café se agrupa principalmente en cuatro regiones (SIAP, 2014):

  • Vertiente del Golfo: comprende los estados de San Luis Potosí, Hidalgo, Puebla, México, Veracruz y Tabasco.

  • Vertiente del Océano Pacifico: a esta pertenecen los estados de Colima, Guerrero, Jalisco, Nayarit y parte de Oaxaca.

  • Región Soconusco: integrada por una gran proporción del estado de Chiapas, destacando la producción de café orgánico, el cual es altamente demandado en los mercados norteamericanos y europeos.

  • Región Centro y Norte de Chiapas

La producción cafetalera se concentra en los estados de Chiapas, Veracruz, Puebla y Oaxaca, representando el 94% del total de la producción, el 85% de la superficie cosechada y el 83% de los productores. La producción tiene un carácter minifundista ya que cerca del 90% de los productores poseen superficies menores a cinco hectáreas. Aproximadamente, el 80% de la producción de café se destina a los mercados de exportación, en los años buenos los ingresos en divisas generados por las ventas de café son de alrededor de 800 millones de dólares, solo superadas por las ventas externas de petróleo (SIAP, 2016). El sector presenta grandes ventajas en la comercialización ya que existe un uso de variedades híbridas muy reducido, lo mismo que el uso de agroquímicos, factores que son de interés a nivel internacional por la tendencia global de consumir alimentos sanos. Es posible afirmar que la producción cafetalera de México es prácticamente artesanal y un porcentaje significativo de los productores son principalmente indígenas (ASERCA, 2013).

Las plantaciones de café bajo sombra en México son descritas, en su estructura arbórea, como un agroecosistema complejo (Soto-Pinto et al., 2001; Martínez et al., 2007). Se estima que el café se cultiva por lo menos en dos terceras partes bajo los llamados sistemas sombreados (Moguel & Toledo, 2004), en un gradiente amplio de modalidades que van desde los sistemas tradicionales con árboles de la vegetación original y sombra diversificada (rusticano y de policultivo), pasando por un sistema de policultivo comercial con árboles escasos y especies introducidas, hasta los sistemas especializados: uno con sombra monoespecífica y otro sin sombra (Toledo y Moguel, 2012).

 

Café en la Región Sur sureste

Las zonas cafetaleras de los estados de Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla y Veracruz concentraban poco más de 667 mil hectáreas, equivalentes al 91% de la superficie sembrada total del cultivo en el país en 2015. En estas cinco entidades, se observó una tendencia decreciente de la superficie sembrada entre 2007 y 2015, la cual representó una reducción cercana a 53 mil hectáreas traducidas en una disminución de la producción de 418 mil toneladas. De manera particular, Oaxaca es la entidad cuya superficie se ha reducido de forma más significativa con 48 mil hectáreas de pérdida en 2015 respecto a 2003, poco más de una cuarta parte del total de la superficie cafetalera reportada en el año más reciente de ese periodo (Jiménez & Garduño, 2018).

En cuanto al rendimiento, Chiapas y Puebla han mostrado una tendencia decreciente, siendo esta última entidad la que tuvo la reducción más considerable al pasar de 4.5 ton/ha en 2003 a 2.3 ton/ha en 2015, mientras que en Chiapas el cambio observado fue de 2.4 a 1.5 para el mismo periodo de tiempo pese al incremento en la superficie de poco más de 20 mil hectáreas. Pese a lo anterior, Chiapas, Veracruz y Puebla mantienen los mejores promedios de la región en cuanto la producción por superficie en el periodo reportado. Debido a la reducción sustantiva de la actividad cafetalera del Soconusco, a partir de 2007 la región de Las Montañas en Veracruz se convirtió en la más importante del Sur-Sureste en términos de superficie, producción y valor de la producción (Jiménez & Garduño, 2018).

A pesar de disminución de la caficultura en Chiapas, este estado sigue siendo el líder en producción de café en México. Presenta un rendimiento por hectárea superior al promedio mundial; sus condiciones en este rubro son similares a países como Vietnam y China. Durante el ciclo agrícola de 2012 tuvo una producción de 532 mil toneladas de café cereza, equivalentes a 1 millón 634 mil sacos de café verde, lo que se tradujo en la generación del 40% del valor de producción cafetalera del país. Chiapas posee la mayor proporción de hectáreas destinadas al cultivo del café: representa el 36% del total nacional, seguido de Veracruz y Oaxaca, con un 20 y 19%, de forma respectiva.

De las más de 260 mil hectáreas de superficie sembrada de café en el estado, más de la mitad se encuentran en las regiones Soconusco y Sierra Mariscal. A pesar de ello, ambas regiones han mostrado una fuerte tendencia a la baja en sus volúmenes, con reducciones de alrededor de 158 mil y 62 mil toneladas respectivamente en 2015 respecto a lo producido en 2003, equivalentes al 70% y 43% de la producción de ese año (Jiménez & Garduño, 2018).

Asimismo, el 41% de los hombres y el 24% de las mujeres dedicadas a la producción de café se concentran en el estado de Chiapas. Lo que indica que una parte importante de la fuerza de trabajo del sector se encuentra directamente asociado al territorio con mayor producción de café en el país. Chiapas es el principal productor mundial de café orgánico, 18 millones de toneladas anuales son producidas por más de 60 mil productores de los cuales una tercera parte son mujeres indígenas y campesinas que cultivan los cafetos bajo la sombra de árboles nativos, sin usar agroquímicos para evitar contaminar la tierra (Mariscal, 2011). Los cafetales de sombra se encuentran dentro y en el área de influencia de diversas Áreas Naturales Protegidas como son la Reserva de la Biosfera El Triunfo, y sitios distribuidos a lo largo de la sierra y costa formando importantes corredores con otras ANP como la Reserva de la Biosfera de la Sepultura, la Reserva de la Biosfera de La Encrucijada y El Volcán del Tacaná.

Chiapas es un estado con una gran tradición en el cultivo y la comercialización del café. La variedad de café que más se produce en él (al igual que en el resto del país) es la denominada “arábiga”, también se cultiva el café “robusta” que es la otra especie que se produce comercialmente en el mundo y se usa sobre todo en la industria de los cafés solubles. El café orgánico puede definirse como el producto obtenido a través de un proceso productivo en el que los agroquímicos son sustituidos por elementos orgánicos e involucra prácticas para evitar la erosión del suelo, mejorar la fertilidad, mantener la biodiversidad, rejuvenecer plantaciones y el manejo integrado del agroecosistema para el control de hierbas, plagas y enfermedades. Implica también una rigurosa realización de las labores de cosecha, beneficio, almacenamiento y transporte para obtener un producto de alta calidad (Trápaga y Torres, 1994). En el ciclo agrícola de 2017 tuvo una producción de 339,361 toneladas de café cereza, con un rendimiento de 1.46 ton/ha (SIAP, 2017).

Veracruz es el segundo productor del grano de la Región Sur-Sureste, después de Chiapas, con una superficie cercana a las 144 mil hectáreas cultivadas por 86 mil productores, y aportando una cuarta parte del volumen nacional de la producción. El café se distribuye en 10 regiones, en 82 municipios y en 842 comunidades (SIAP, 2016); siendo las regiones de Las Montañas y Capital las de mayor relevancia, pues concentran el 54% y 23% de la superficie y el 53% y 18% de la producción del cultivo en la entidad (Jiménez & Garduño, 2018). El estado aporta 21.25% de la producción total de café cereza en México con un rendimiento promedio de 2.2 t ha-1 (ASERCA, 2013).

En Veracruz prevalece el cultivo del café en sistemas agroforestales, entre los pequeños productores y en comunidades indígenas, el sistema denominado policultivo tradicional, se caracteriza por la combinación de café con el aprovechamiento de diversos productos de los árboles de sombra (Escamilla y Díaz, 2016). La tendencia del consumo mundial del aromático hacia los cafés de mejor calidad constituye una excelente oportunidad para la cafeticultura veracruzana, y puede representar una vía para obtener mejores precios (Jauregui et al., 2016; Sánchez-Hernández et al., 2018). Durante el ciclo agrícola de 2017 tuvo una producción de 194,432 toneladas de café cereza, con un rendimiento de 1.55 ton/ha (SIAP, 2017).

Puebla ocupa el tercer lugar como estado productor de café a nivel nacional, con una superficie plantada de 70,438.4 hectáreas y el logro de una producción 128,995.35 toneladas de café cereza con el mayor rendimiento reportado para el ciclo agrícola de 2017 a escala nacional (2.05 ton/ha) (SIAP, 2017); 75% se destina a la exportación, principalmente de café prima lavado y de altura (SIAP, 2016); en 2010 existían 48,215 cafeticultores en el estado (SIAP-SAGARPA, 2010). En Puebla, la región de Sierra Norte es la principal región productiva de la entidad y la de mayor rendimiento a nivel Sur-Sureste (Jiménez & Garduño, 2018).

Dentro de los agro-sistemas cafetaleros, el manejo adecuado de las plantaciones de café comprende las prácticas agrícolas de poda, fertilización, chapeo y regulación de sombra como las más importantes para la calidad del café. El cultivo de café en puebla se concentra principalmente en la sierra norte, en donde se pueden identificar tres estratos de productores: Subsistencia Familiar Limitada (1), Subsistencia Familiar con Limitantes y con Participación en el Mercado (2), y Subsistencia Familiar con Vinculación al Mercado (3). El estrato uno se caracteriza por destinar la totalidad de su producción para cubrir las necesidades básicas de la familia; el estrato dos incluye productores que colocan su producción fraccionada y venden su fuerza de trabajo en actividades no agrícolas, y en el estrato tres se ubican los productores que obtienen ingresos complementarios a la producción pero al menos el 80 % de su ingreso se basa en la venta de café (Benítez-García et al., 2015).

En Oaxaca el café es el segundo cultivo más importante después del maíz, con más de 150 mil hectáreas de cafetos sembradas. Representa una economía muy importante para sus habitantes (dentro de los cuales resalta alta presencia indígena). Aproximadamente 100 mil familias se dedican al cultivo del grano, lo que representa casi medio millón de oaxaqueños. En las últimas décadas, el estado ha sido escenario de grandes transformaciones cafetaleras, tanto en las formas de producción como en los procesos organizativos del grano. En Oaxaca, los cafetales de sombra forman importantes corredores entre las selvas de las partes bajas y los bosques de coníferas y encinos de las partes altas de las Sierras Norte y Sur del estado (Anta, 2006). En el último ciclo agrícola reportado (2017) tuvo una producción de 66,088 toneladas de café cereza, con un rendimiento de 0.60 ton/ha (SIAP, 2017).

La zona cafetalera de Guerrero corresponde a una de las pocas selvas tropicales en el mundo con altitudes de más de 1000 msnm, donde el café bajo sombra se ha adaptado favorablemente. A su vez, la salud de los microambientes de la selva alta y las condiciones rusticas de producción de café, la existencia de fincas a más de 900 msnm y la adaptación de variedades, que aportan calidad en taza (typica y bourbon), revelan el potencial del estado para producir café de alta calidad (SAGARPA, 2008). El café en el estado de Guerrero se cultiva a lo largo de la Sierra Madre del Sur y se extiende paralelamente a la costa del Pacífico, con una anchura promedio de 100 km, la cual recorre el estado en toda su longitud (SAGARPA, 2011b), y constituye una de las cuatro zonas cafetaleras del país (SAGARPA, 2011a).

De acuerdo con el Padrón Cafetalero el estado de Guerrero contaba con una superficie de 39,000 ha para el cultivo de café en 2013, y se dedicaban a esta actividad 21,000 productores ubicados en 135 localidades de 14 municipios de las regiones Costa Grande, Centro, La Montaña y Costa Chica ( SIAP-SAGARPA, 2010; SAGARPA, 2013). En la actualidad, el municipio de Atoyac de Álvarez es el principal centro cafetalero del estado con 25,575 hectáreas cultivadas y una producción de 24,739 toneladas, lo que representa el 60 % de la producción total de café en el estado. En el ciclo agrícola de 2017, reportó 41,581 toneladas de café cereza producidas en una superficie 6 % mayor (47,190 hectáreas) que la reportada en 2013 y con un rendimiento de 0.95 ton/ha (SIAP, 2017). Es importante mencionar que las regiones cafetaleras de Oaxaca y Guerrero presentan bajos rendimientos y únicamente Papaloapan (Oaxaca) mantiene rendimientos por encima de 1 ton/ha (Jiménez & Garduño, 2018).

La producción de café (Coffea arabica) forma parte de los recursos agrícolas en el estado de Tabasco (Flores 2015). Este cultivo permite la generación de divisas, empleos, y es el modo de subsistencia de pequeños productores. De acuerdo con SIAP (2007), la entidad contaba con 1,039 ha para la producción del grano, e involucraba a 1,226 productores (Flores 2015). Sin embargo, esta superficie disminuyó 66 % en los últimos 10 años; el estado contaba en 2017 con 358 hectáreas para el cultivo de café cereza; de manera consecuente su producción también disminuyó 60 %, pasó de 1,052 toneladas a 414.46 toneladas de café en el mismo periodo de tiempo, con un rendimiento ligeramente menor actualmente (1.22 ton/ha en 2007 a 1.16 ton/ha en 2017) (SIAP, 2017). Esta disminución parece ya haber empezado atender a las predicciones realizadas por el escenario de cambio climático (A2) del IPPC en el 2014, bajo el cual se contempla que la superficie cultivada de café (año 2015) en Tabasco disminuirá en 92.46 %, y los rendimientos (año 2015) tendrán una reducción potencial del 67 % respecto al año 2050 (Aceves-Navarro et al., 2018).

Principales Hallazgos

Incluir en la caracterización una unidad de medida que representara a los productores y sus capacidades diferenciales resultaba indispensable, especialmente sobre el panorama de inequidad social bajo el cual se cultiva café en el sur sureste. Por ello, y con la intención de visibilizar a los caficultores dentro del análisis se incluyeron las unidades de producción (UP). En un sentido netamente conceptual, una UP es la unidad económica conformada por uno o más terrenos ubicados en un mismo municipio, en donde al menos alguno de ellos se realiza actividades agropecuarias o forestales, bajo el control de una misma administración. Si la administración tiene terrenos ubicados en otro municipio, se considera como otra unidad de producción; esto es, habrá tantas unidades de producción como municipios ocupen sus terrenos (INEGI, 2017). En la región sur sureste existen 274,470 UP cafetaleras, de ellas el 54 % (148,261) están bajo tierras de tenencia tipo “otros”, dentro de los cuales se contemplan pequeña propiedad y propiedad privada; el 34 % (94,357) están en tierras ejidales y el 12 % restante (31,852) corresponden a unidades productivas cafetaleras en territorios comunales.

Unidades productivas cafetaleras por tipo de tenencia de la tierra en la región sur sureste

El índice de vulnerabilidad al cambio climático de los cultivos de café mostro que en Guerrero las categorías de vulnerabilidad baja, media y alta se distribuyen en la región costa grande y zona centro; y las categorías de vulnerabilidad predominantemente alta en la región montaña. Por su parte, de los cafetales en el estado de Oaxaca se destacan los colindantes de la zona costa con la región sierra sur, las zonas colindantes de la región Papaloapan con la región cañada y la sierra norte, y los cafetos de la zona central de la sierra norte como los de mayor vulnerabilidad. En Chiapas el escenario parece más dramático, la mayoría de las regiones con presencia de cultivos de café concentran categorías de vulnerabilidad altas y muy altas, especialmente las zonas cafetaleras de la región soconusco, las montañas del norte, los altos, la zona sur de la selva zoque y parte del café en la selva maya. En el estado de Veracruz, resaltan los cultivos de café de las regiones Huasteca baja, Nautla y Los Tuxtlas con categorías de vulnerabilidad alta y muy alta ante el cambio climático. Finalmente, en el estado de Puebla, los cafetales de la sierra norte y la sierra nororiente son los de mayor vulnerabilidad a los cambios climáticos esperados (niveles medios y altos).

Del total de unidades de producción de café en la región sur sureste (274,470), el 3.95 % (10,844) se encuentran en categoría de vulnerabilidad al cambio climático muy alta, el 52.55 % (144,186) en categoría alta, el 35 % (96,098) en categoría media y el 8.5 % restante (23,342) en categorías de vulnerabilidad baja y muy baja. Respecto al total de superficie plantada de café en la región sur sureste (576,277 ha), el 3.29 % (18,993 ha) se encuentra en categoría de vulnerabilidad muy alta, el 44.79 % (258,163 ha) en categoría alta, el 34.39 % (198,190 ha) en categoría media y el 17.53 % (100,931 ha) restante en categoría de vulnerabilidad baja y muy baja. Dado el volumen de producción total de café (928,616 ton), el 2.94 % (27,313 ton) presenta vulnerabilidad muy alta al cambio climático, el 41.59 % (386,252 ton) alta, el 35.77 % (332,214 ton) en categorías de vulnerabilidad media y el 19.7 % (182,837 ton) restante del volumen de producción tiene vulnerabilidad baja y muy baja. Por todo lo anterior se puede concluir que el 91.8 % de las unidades de producción, el 82.47 % de la superficie plantada de café y el 80.3 % del volumen de la producción en el sur sureste de México se encuentran en categorías considerables de vulnerabilidad ante el cambio climático.

Categorías de vulnerabilidad por unidades de producción cafetalera, superficie plantada de café y volumen de producción.

*Fuente: censo agropecuario y ejidal de INEGI 2007.

 

Índice de vulnerabilidad al cambio climático de los cultivos de café en la región Sur Sureste

Los niveles de vulnerabilidad al cambio climático de las unidades productivas dado el tipo de tenencia de la tierra son diferenciales y se concentran principalmente en la categoría de vulnerabilidad alta. El 91.3 % de las UP ejidales (86,150), el 92.3 % (29,392) de las UP comunales y el 91.4 % (135,586) de las UP de territorios privados o de pequeños propietarios se encuentran en niveles medios, altos y muy altos de vulnerabilidad. En general para la región sur sureste, el 92 % (251,128) de las UP cafetaleras se encuentran en categorías de vulnerabilidad considerable (media, alta y muy alta).

Niveles de vulnerabilidad al cambio climático asociados a las unidades productivas cafetaleras por tipo de tenencia de la tierra en el sur sureste.

*Fuente: censo agropecuario y ejidal de INEGI 2007.

Sabiendo que la variabilidad del clima es el principal factor responsable de las oscilaciones anuales de la producción de café (Rivera et al., 2013), es indispensable entender el cambio climático y su vínculo con la producción cafetalera. De manera urgente, intensificar estudios y ampliar el conocimiento de la problemática que oriente la evaluación asertiva de la vulnerabilidad en las unidades y sistemas de producción de café, y ayude a entender a los productores las particularidades asociadas al nivel de vulnerabilidad de sus sistemas productivos y las posibles soluciones para mejorar la producción. Dimensionar las capacidades potenciales para producir café a través de estrategias más amigables con el ambiente, que a la vez mantengan alta rentabilidad es indispensable para transitar hacia modelos productivos sostenibles que representen para el productor mejoras directas en sus medios de vida, y contemplen las vulnerabilidades particulares de los sistemas en torno a los cambios climáticos esperados.     

Por ello, se hace primordial orientar geográficamente los recursos y las acciones públicas para atenuar de forma territorialmente diferenciada la tendencia de maximizar densidades y rendimientos mediante el establecimiento de cafetos de corta talla y vida breve, cultivados a pleno sol y reforzados con altas dosis de agroquímicos. Para lograrlo, es importante promover la conversión, fomento y mercadeo de variedades desarrolladas en sistemas agroecológicos que modifiquen las tendencias de degradación en las formas de producción y los servicios ecosistémicos que en muchos territorios se están promoviendo por los sistemas de producción extensivos. También, es clave atenuar las tendencias en el cultivo de café basadas en el bajo costo y la estandarización de las variedades, mediante estrategias y programas que fomenten el cultivo y la comercialización del café de especialidades (CentroGeo, 2018).

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